Quiénes somos
Qué pensamos en Catep
Como cooperativa nos identificamos con los principios y valores del movimiento cooperativo: ayuda mutua, responsabilidad, equidad, igualdad y solidaridad.
Entendemos la intervención social como un proceso de influencia en el sistema social que pretende conseguir la competencia, la autonomía y, en última instancia, la autogestión de las personas y las comunidades, partiendo siempre de una concepción democrática de las relaciones humanas y sociales y de la confianza en las potencialidades de las personas y los colectivos. Por ello damos importancia al contexto, a la comunidad y al entorno incorporando la participación activa de las personas y/o grupos e implicando a los y las profesionales en todo el proceso.
Nuestro trabajo de intervención social pretende ser eminentemente proactivo, es decir, está orientado a promover un determinado escenario social utópico, caracterizado por:
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Personas y grupos con poder. El proceso de empoderamiento de un individuo o una comunidad requiere que ésta o aquél tome conciencia de su capacidad de actuar para transformar el entorno. Esta toma de conciencia pasa por reconocerse como protagonista de la propia existencia, y por asumir tanto las consecuencias de los propios comportamientos como la responsabilidad sobre los procesos de transformación colectiva, sea ésta a nivel social, político o económico.
El empoderamiento de cada persona precisa asimismo trascenderse como individuo para acercarse a la percepción de la totalidad y, en consecuencia, ser consciente de la interdependencia entre las personas, los grupos y las organizaciones en los que interactúan y el entorno en el que se desenvuelven. -
Distribución igualitaria de poder, riqueza y conocimiento. Esta distribución requiere una participación amplia —de personas y grupos— en los procesos de toma de decisiones que afectan al interés colectivo, un acceso igualitario a la información y a los recursos económicos, así como una capacitación en el saber hacer que permita un aprovechamiento de esa información y esos recursos que genere un desarrollo sostenible del entorno y una relación armónica con él.
Un escenario igualitario debe estar regulado por el diálogo y el debate autocrítico y constructivo, desde la intrínseca, irrenunciable y dinámica diversidad de las personas y los grupos en que se organizan (diversidad de sexos, edades, apariencia física, capacidades, origen, prácticas sexuales, costumbres, creencias, etc.). -
Autogestión. La autogestión de los espacios colectivos —grupos, organizaciones, comunidades— es la consecuencia natural del empoderamiento y la distribución igualitaria de los recursos. Personas y pequeños grupos conscientes e igualmente poderosos pueden articularse a través de relaciones cooperativas horizontales, formando redes que permiten aprovechar las potencialidades de cada elemento de las mismas y alcanzar un desarrollo autónomo de sus peculiaridades.
- Felicidad. Un escenario social empoderado, igualitario y autogestionario estaría hueco si no provocase la felicidad de las personas que lo integran. Una felicidad asentada en una relación armoniosa entre el desarrollo pleno de los individuos, el bienestar colectivo y la sostenibilidad del entorno en el que conviven.



